Llueve en Santiago
mi dulce amor.
Camelia blanca del aire
brilla en tinieblas el sol.
Llueve en Santiago
de noche oscura.
Hierbas de plata y de sueño
cubren la vacía luna.
Mira en la calle la lluvia,
pena de piedra y cristal.
Mira el viento desvaído
surco y ceniza del mar.
Surco y ceniza del mar
Santiago, lejos del sol;
agua de antigua mañana
temblando en mi corazón.
(De Seis poemas galegos, 1935)

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