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domingo, 21 de junio de 2026

FANTASÍA, de GÉRARD DE NERVAL

 


Es una melodía por la que yo daría

todo Rossini, todo Mozart y todo Weber,

una melodía muy antigua, languideciente y fúnebre,

que solo para mí tiene encantos secretos.

 

Ahora, cada vez que viene a mi mente,

doscientos años rejuvenece mi alma:

Va sobre Luis XIII, y creo ver extenderse

una ladera verde que al ocaso amarillea.

 

Después un castillo de ladrillo con esquinas de piedra,

con vidrieras teñidas de colores rojizos,

rodeado de grandes parques con un río

que baña sus pies, que corre entre flores.

 

Luego una dama en su alta ventana,

rubia con ojos negros, con hábitos antiguos,

que, en otra vida quizá,

yo ya vi… ¡y que yo recuerdo!


(De Odelettes, 1832)

miércoles, 13 de mayo de 2026

SONETO A LAS ANTIGÜEDADES DE ROMA, de JOACHIM DU BELLAY

 


Viajero que buscas a Roma en Roma,

Y nada de Roma en Roma entrevés.

Viejos palacios, viejos arcos ves,

Y esos viejos muros que dicen Roma.

 

Mira el orgullo, la ruina, la loma

Que dictó al mundo la ley tal cual es.

Todo lo domó y se domó a la vez,

Presa del tiempo que todo lo desploma.

 

Roma de Roma único monumento,

Roma a Roma venció en su decaimiento

El Tíber tan solo va huyendo al mar.

 

Queda de Roma, ¡oh mundana inconstancia!, 

Lo firme que el tiempo no osa arrancar,

Y a lo que huye da el tiempo discordancia.


(De Les Antiquités de Rome, 1558)

sábado, 21 de febrero de 2026

LA VENTANA, de RAINER MARIA RILKE

 


¿No eres tú nuestra geometría,

ventana, sencillísima forma

que sin esfuerzo circunscribes

nuestra vida enorme?

 

Aquello que se ama no es nunca más bello

que cuando la vemos aparecer

enmarcada en ti; es, oh ventana,

que la conviertes casi en eterna.

 

Todos los azares son abolidos. El ser

se alza en medio del amor,

con ese pequeño espacio alrededor

del que se es dueño.


(De Les fenêtres, Poèmes français, 1935)

domingo, 10 de agosto de 2025

LA MAR, de SIMONE WEIL

 


Mar dócil a las riendas, mar sumisa en silencio,

Mar dispersa, con olas para siempre encadenadas,

Masa  al cielo ofrecida, espejo de obediencia.

Para tejer cada noche pliegues nuevos,

Los astros a lo lejos, sin esfuerzo, tienen poder.

 

Hasta que la mañana llega a colmar todo el espacio,

Y acoge y devuelve el don de la claridad.

Un ligero fulgor se posa en su superficie.

Se esparce en la espera y sin deseo,

Bajo el día que crece, centellea y desaparece.

 

Los reflejos de la tarde harán lucir súbita

El ala suspendida entre el cielo y el agua.

Las olas oscilantes y fijas a lo liso,

Donde cada gota, sucesivamente,  sube y desciende,

Y permanecen abajo por ley soberana.

 

La balanza con brazos secretos de agua transparente

Se pesa a ella misma, y la espuma, y el hierro,

Justa, sin testigo, para cada barco errante.

En el nave un hilo azul traza un vínculo,

Sin ningún error en la línea aparente.

 

Inmensa mar, a los mortales desdichados sé propicia,

Apretados junto a ti, perdidos en tu desierto.

A quien va a naufragar háblale antes de que perezca.

Entra hasta su alma, oh mar, hermana nuestra;

Dígnate en lavarla en tus aguas de justicia.


Marsella, 1941-1942

(De Poemès, Gallimard, 1968)


viernes, 3 de mayo de 2024

MERS-EL-KÉBIR, de A.O. BARNABOOTH (VALERY LARBAUD)

 


Amo este pueblo, donde entre naranjos,

sin verse, dos jóvenes se dicen sus amores

con dos mandolinas infinitamente quejumbrosas.

Y amo esta posada, en cuyo patio las doncellas

cantan en la ternura de la tarde esta dulce copla

de la “Paloma”. Escuchad a la paloma que golpea sus alas…

Anhelo de mi propio pueblo, tan lejano; nostalgia

de las antípodas, de la gran avenida de volcanes inmensos;

¡oh lágrimas que surgís, lavad todos mis pecados!

Soy la paloma herida, soy los naranjos,

y soy este instante que pasa y soy la tarde africana;

mi alma y las voces unidas de las mandolinas.


(De Poèmes d'un riche amateur, 1908
)





domingo, 28 de abril de 2024

LA CALLE SOUFFLOT (PARÍS), de VALERY LARBAUD

 



Nuestra breve jornada pronto habrá terminado: los últimos

años se abren ante nosotros como estas calles;

y el colegio siempre está allí, y esta plaza

cuadriculada, y la vieja iglesia donde vimos

entrar a Verlaine ya muerto. En verdad, a pesar del mar

y de tantos caminos, nunca hemos salido

de aquí, y toda nuestra vida no habrá sido

sino un pequeño viaje en círculo y en zigzag por París.

E incluso después, nos quedaremos aquí,

invisibles, olvidados, pero habitando siempre

la ciudad de la infancia y del primer amor,

con el asombro de los doce años y del encuentro,

que nos hace murmurar entre la multitud:

“Porque sabes que siempre te he querido”

y un paseante, que nos ha escuchado, se dará la vuelta.


(De Éventail, 1922)



jueves, 22 de junio de 2023

BALADA, de FRANÇOIS VILLON

 



Al lado de la fuente muero de sed;

caliente estoy como fuego y tirito;

en mi país me hallo en tierra lejana;

junto a un brasero tiemblo ardiendo;

desnudo como un gusano, como un presidente vestido;

entre llantos río y espero sin esperanza;

me consuelo en triste desesperación;

me regocijo y no tengo placer alguno;

poderoso soy sin fuerza ni poder;

bien acogido, de todos rechazado.

 

Nada me es seguro sino lo incierto;

oscuro, hasta que todo es evidente;

duda no tengo salvo en cosa cierta;

tengo a la ciencia como accidente súbito;

gano todo y sigo perdiendo;

Al alba digo: “¡Dios os dé las buenas noches!”

recostado boca abajo, temo caer;

tengo algo si no tengo nada;

espero herencia y de nadie heredo;

bien acogido, de todos rechazado.

 

Nada me preocupa si me esfuerzo

en adquirir bienes y no reclamarlos;

quien mejor me dice es quien más me engaña;

amigo mío es quien me hace saber

de un cisne blanco que es un cuervo negro;

y quien me daña creo que puede ayudarme;

bulo, verdad, hoy me es todo uno;

recuerdo todo, nada sé expresar;

bien acogido, de todos rechazado.

 

Príncipe clemente, os plazca saber ahora

que mucho entiendo y no tengo sentido ni conocimiento:

soy parcial, comulgo con todas las leyes.

¿Qué más sé? ¿Qué? recibir los bienes,

bien acogido, de todos rechazado.


sábado, 26 de noviembre de 2022

CUERNOS DE CAZA, de GUILLAUME APOLLINAIRE

 



Nuestra historia es noble y trágica

Como máscara de un tirano

Torpe drama osado o mágico

Ningún detalle indiferente

patético a nuestro amor muda

 

Y Thomas de Quincey bebiendo

Opio veneno dulce y casto

A su pobre Ana iba soñando

Vamos vamos pues todo pasa

a menudo regresaré

 

Los recuerdos son cuernos de caza

cuyo ruido muere en el viento


(De Alcools, 1913)



domingo, 18 de septiembre de 2022

¿QUÉ ATRAPAR SINO A QUIEN SE ESCAPA?, de YVES BONNEFOY

 



¿Qué atrapar sino a quien se escapa,

Qué ver sino a quien se oscurece,

Qué desear sino a quien muere,

Sino a quien habla y se desgarra?

 

Palabra próxima a mí

¿Qué buscar sino tu silencio,

Qué claridad sino profunda

Tu conciencia sepultada,

 

Palabra lanzada material

Sobre el origen y la noche?


(De Du mouvement et de l'immobilité de Douve, 1953)





miércoles, 5 de mayo de 2021

ENTRE LA TIERRA OSCURA, de CLAUDE VIGÉE

 



Entre la tierra oscura

y la alta claridad

del cielo,

 

el silencio del hermoso verano

se balancea a cada lado:

 

una sola abeja apresa

la miel

de su doble murmullo.



(De Délivrance du souffle, 1977)


miércoles, 10 de febrero de 2021

FÁBULA XVI: LA HOJA, de ANTOINE -VINCENT ARNAULT

 



De tu rama desprendida,

pobre hoja marchita,

¿dónde vas? — No lo sé.

El tiempo derribó el roble

que era mi sustento.

Del inconstante soplo

del céfiro o el aquilón

desde aquel día me paseo

del bosque al llano,

de la montaña al valle.

Yo voy donde todo va,

donde va la hoja de la rosa

y la hoja del laurel.


(De Fables, Livre V, 1812)




miércoles, 30 de diciembre de 2020

QUÉ HARÍA SIN ESTE MUNDO, de SAMUEL BECKETT

 


 

qué haría sin este mundo sin rostro sin preguntas

donde ser no dura sino un instante donde cada instante

se escurre en el vacío en el olvido de haber sido

 sin esta ola donde al fin

cuerpo y sombra juntos se engullen

qué haría sin este silencio abismo de murmullos

jadeando furioso hacia la protección el amor

sin ese cielo que se alza

sobre el polvo de sus lastres

 

qué haría haría como ayer como hoy

mirando por mi ventanilla si no estoy solo

para vagar y vivir lejos de toda vida

en un espacio de marionetas

sin voz entre las voces

encerradas conmigo


(De Poèmes, 1968)

miércoles, 21 de agosto de 2019

HA NEVADO LA GLICINIA, de CHRISTINE BELCIKOWSKI

                                     Óleo de A. Faure. Mirepoix, antiguo café Rouan, llamado café du Centre.





La glicinia ha nevado hoy sobre el adoquín de los patios,
color del pensamiento
que nieva al paso del caminante,
color de la memoria
que nieva en lo profundo del tiempo,
color del verdadero mundo
que nieva sobre el rumor de la nada.
Y tú que, de ti a mí,
ligero como una pelusa de chopo,
no sabes nada de ti,
tú nievas también.




domingo, 11 de agosto de 2019

PENSAMIENTOS de HENRI MICHAUX






Pensar, vivir, apenas distinto mar;
yo -eso- tiemblo,
infinito persistentemente que conmueve.

Sombras de mundos ínfimos,
sombras de sombras,
cenizas de alas.

Pensamientos en prodigiosa natación,
que se deslizan en nosotros, entre nosotros, lejos de
                                                              [nosotros,
lejos de esclarecernos, lejos de profundizar en nada;

extraños en nuestras casas,
siempre traficando,
polvareda para distraernos y dispersarnos la vida.


De Plume. Lointaine intérieur (1938)

domingo, 14 de octubre de 2018

PENSAR COMO UNA MONTAÑA, DE CHRISTINE BELCIKOWSKI

                                                              Parnaso, Delfos. Verano de 2018.



No has aprendido a pensar como una montaña
pero cuando no vas a la montaña
la montaña viene a ti.
Ella a solas se eleva,
avanza, se acrecienta
acrecienta, acrecienta,
y te lleva en su sombra,
más alto, más alto,
siempre más alto.
hasta ese cielo de pura gloria,
que es la razón de su alzada.
Así es como piensa la montaña.
Pero tú,
que no has aprendido a pensar como una montaña
no olvides que todo pensamiento viene de ti
bajo la forma de alzada.

viernes, 26 de agosto de 2016

MICHEL BUTOR. LECTURAS TRANSATLÁNTICAS






LECTURAS TRANSATLÁNTICAS



Arrastrarse con la serpiente
deslizarse entre las líneas
rugir con la pantera
interpretar el menor signo
abandonarse en las arenas
conjugar en las hierbas
florecer en todo su piel 

Sumergirse con el delfín
navegar de frase en frase
Catar la sal en los velos
aspirar en el gran viento
el remedio de las dolencias
interrogar al horizonte
por el rastro de las Atlántidas

Sentirse emerger las alas
acomodar máscaras y roles
planear con el cóndor
acceder a las ruinas
acariciar las melenas
arder en todos los héroes

despertarse embelesarse


(de À la frontière, La Différence, 1996)



viernes, 29 de enero de 2016

STÉPHANE MALLARMÉ. LA PIPA



Ayer, anhelando una larga tarde de trabajo, de buen trabajo de invierno, encontré mi pipa. Descartados los cigarrillos con todos sus juegos infantiles del pasado que iluminan las hojas azules del sol, las muselinas, retomé mi pipa grave para un hombre circunspecto que desea fumar por mucho tiempo, sin distraerse, con el deseo de trabajar mejor; pero no esperaba la sorpresa que la abandonada me deparaba; apenas di la primera calada, olvidé los grandes libros que debía escribir, maravillado, enternecido, respiré el invierno pasado, que regresaba.

No había tocado a mi fiel amiga desde mi regreso a Francia, y todo Londres, el Londres que había vivido para mí solo hace un año, regresó; primero las queridas brumas que empañan nuestro cerebro, y tienen allí un olor tan suyo cuando se cuelan por las ventanas. Mi tabaco olía a cuarto oscuro con muebles de cuero espolvoreados por el hollín de carbón sobre los que retozaba un flaco gato negro; ¡grandes fuegos! y la chica de brazos rojizos echaba los carbones del cubo metálico a la cesta de hierro, la mañana ―¡mientras el cartero llamaba con un doble golpe solemne, que me daba vida!― He vuelto a ver por las ventanas los árboles enfermos de la plaza solitaria ―he visto el horizonte a menudo atravesado este invierno, temblando sobre el puente del steamer mojado por la llovizna y ennegrecido de tizne― con mi pobre bienamada errante, con hábito de viajera, un largo traje sin brillo coloreado por el polvo de los caminos, una capa pegada a sus fríos hombros, uno de esos sombreros de paja sin plumas y casi sin cintas que las damas ricas lanzan cuando llegan, pues se desmenuzan por el aire de la mar y que las pobres bienamadas vuelven a reparar para que duren algunas estaciones más. Alrededor de cuello se arrebujaba el terrible pañuelo que se agitaba diciendo adiós, para siempre.

(De Divagations, 1897)


lunes, 8 de agosto de 2011

MADRE NOCHE, DE HENRY DE MONTHERLANT







Henry Millon de Montherlant editó su poema "Mère nuit" en su único libro de poesía, Encore un instant de bonheur, en 1934:









MADRE NOCHE



Fue el alba toda la noche.

La claridad de la noche me despertó en mitad de la noche.

una noche que nos llega de otra edad.



Y le dije: “Madre noche, madre noche,

dime, dime y dile a él también,

dile a mi pequeño hermano en su dulce rostro,

aquello que os hace clara”.



Mi mano pende fuera del lecho.

La noche entra y se acuclilla.

Mi mano pende fuera del lecho.



He sentido sobre mi mano su frío hocico.

Le digo: “Madre noche, debes tener frío,

entra en mi lecho, hay lugar para tres”.



Después nevó el olvido, el olvido,

el olvido, el olvido, el olvido.


CONFIDENCIAL, de MIGUEL TORGA

No me preguntes, porque nada sé De la vida, Ni del amor, Ni de Dios, Ni de la muerte. Vivo, Amo, Creo sin creer, Y muero, anticipadamente, R...