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jueves, 23 de julio de 2026

CANTIGA CXXIX A SANTA MARIA, de ALFONSO X EL SABIO

 


Cómo Santa María sanó a un hombre de una saetada que le dieron en el ojo

 

De todo mal y de toda herida

sanar puede al hombre la que de bien está cumplida.

De esto a un hombre que de Morvedre era

mostró la Virgen una maravilla fiera

de la gran saetada que tuviera

en una lid fuerte y sin medida.

De todo mal y de toda herida

sanar puede al hombre la que de bien está cumplida.

Y la saeta tan bien le acertara

en el ojo, que lo desbaratara

y bien hasta el cogote entrara,

de modo que no le daban vida.

De todo mal y de toda herida

sanar puede al hombre la que de bien está cumplida.

Pero él puso su alma y su hacienda

en manos de la Virgen y en su encomienda

y a Salas prometió ir a hacer ofrenda

si de la llaga salía con vida.

De todo mal y de toda herida

sanar puede al hombre la que de bien está cumplida.

Y luego mandó que la saeta le fuera

arrancada del ojo y a tal hora

sanó del todo, sin demora,

desde que la saeta halló salida.

De todo mal y de toda herida

sanar puede al hombre la que de bien está cumplida.

De la saetada nada sentía,

y sanaba el ojo con tanta maravilla

que veía tanto como antes con él veía.

Y hacia Salas hizo luego su ida.

De todo mal y de toda herida

sanar puede al hombre la que de bien está cumplida.

Loando a la Virgen Santa Gloriosa,

Madre de Dios, Reina poderosa,

que lo sanara como piadosa.

Y esta cuestión fue hasta muy lejos oída.

De todo mal y de toda herida

sanar puede al hombre la que de bien está cumplida.

Por las tierras y cuantos lo supieron

a Santa María loores dieron

de Salas y gran gozo tuvieron

al hacer luego a ella su vida.

De todo mal y de toda herida

sanar puede al hombre la que de bien está cumplida.


lunes, 12 de enero de 2026

FUI POR EL VIENTO, VINE POR AIRE, de ROSALÍA DE CASTRO

 


Fue un domingo,

fue por la tarde,

con sol que baja

tras los pinares,

con nubes blancas

sombra de ángeles,

con mariposas

que alas ya baten

con un batido

manso y suave,

atravesando

vagos celajes,

mundos extraños

que en rayos parten

ricos tesoros

de oro y diamante.

Pasé los montes,

montes y valles;

pasé llanuras

y soledades;

pasé los cauces,

pasé los mares

los pies enjutos

y sin cansarme.

 

Me halló la noche,

noche brillante

con la lunita

llena de jaspes,

y fui con ella

camino avante,

con estrellitas

para guiarme,

que aquel camino

solo ellas saben.

 

Después la aurora

con su semblante

hecho de rosas

vino a alumbrarme,

y vi entonces,

entre el ramaje

de olmos y pinos,

acobijarse

blanca casita

con palomares

y palomitas

que entran y salen

Allí se escuchan

dulces cantares

allí festejan

mozos galantes

con las mocitas

de otros lugares.

Todo es contento,

todo es holgarse

mientras la piedra

bate que bate,

muele que muele,

dale que dale,

con lindo gusto

hace compases.

 

No hay otro sitio

que más me agrade

que aquel molino

de castañares,

donde hay chiquillas,

donde hay chavales

que ricamente

luchar ya saben;

donde se muelen

hasta cansarse

mozos y viejos,

niños y grandes,

y aunque no quieren

que allí me baje,

sin que lo sepa

en casa nadie,

fui al molino

de mi compadre;

fui por el viento,

vine por aire.


(De Cantares Gallegos, 1863)




sábado, 27 de diciembre de 2025

DOS POEMAS, de XOSÉ MARÍA DÍAZ CASTRO

 


COMO BRASAS

 

Poeta o no, yo cantaré las cosas

que en el umbral de mí mismo aguardan.

Iluminaré con cirios de palabras,

vasta herencia mía, el mundo que me dieron.

 

Están ahí, como brasas en la noche,

las viejas cosas, llenas de destinos.

Ojos que suplican, de niños hambrientos.

Ojos que esperan, de una adolescente.

 

¡Galicia en mí, mi Dios, pan que me dieron,

leche y centeno y sueño y luz de aurora!

Larga calle de la mar, hogar de tierra,

y esta cruz que nos mide de arriba abajo.

 

Con este aliento, yo les daré a las cosas

el drama repleto que les niega la vida:

les daré rostros, para que se conozcan,

palabras les daré para que se entiendan…

 

 

COMO UNA ÍNSULA

 

¡Pero vino la noche derribando todo!

Y yo, sediento de un áncora o una bahía,

me di a buscar tus cien perdidos nombres

para llamarte, ¡oh madre, oh ínsula mía!


(De Nimbes, 1961)




martes, 25 de marzo de 2025

ENSUEÑO, de EDUARDO BLANCO AMOR

 


Ya todo ahora duerme en la noche

sembrada de ensueños y de estrellas.

Nada hay en ti, corazón mío, que luche.

Húndete en la paz que tanto anhelas.

Tinieblas de la noche, centellear de la altura

que recorre acechante mi espíritu;

ritmos eternos de pura sabiduría

que flotáis en el seno del infinito;

sueños sin forma en la oscuridad presos,

desasosiego sin fin, dolor sin calma,

locos pájaros del ideal, encendidos,

que alumbráis de luz y fuego el alma;

idos y dejadme quedar solo

en este mundo de gestos desvaídos,

quiero adormecerme en el supremo arrullo

de llegar a sentir sin los sentidos.


(De Romances galegos, 1928)





domingo, 21 de abril de 2024

EL BARDO, de EDUARDO PONDAL

 


Como suele la arboladura

de la nave poderosa

hacer negra espesura,

sobre las tendidas olas;

y del vasto trenzado

hacer orgullosa muestra

con el laberinto osado

de las tensadas cuerdas;

donde los aires que pasan arrancan

enérgicas notas.

 

Así es el alma del bardo,

de soberbia y grandiosa;

tal en la máquina osada

todas las cosas resuenan;

dejando mil suspiros,

y mil salvajes notas;

¡qué pueden las rapsodias decir del soberbio

poema que entonan!


(De Queixumes dos pinos, 1886)




lunes, 1 de abril de 2024

OTRA VEZ ROSALÍA, de LUIS PIMENTEL

 



                                Para D. Ramón Otero Pedrayo

Volvieron las negras campanas,

las campanas de hierro

               en la noche,

y las frías camelias,

porque ella lo quiso;

porque quiere andar errante

por los caminos hondos;

sentir la dulce lluvia

sobre su féretro;

sufrir el silencio

               de su pelo muerto,

el chasquido de su traje

               de dura seda.

Y tenemos que soportar

este peso de sombras

               entre la niebla

debajo de los altos árboles

Aguardar a la vera

               de los ríos

que los muertos aman.

Llegar hasta el ancho valle

donde el aire se aquieta.

O seguir por un profundo camino

que nos lleva al mar,

donde hay cielos moribundos

y negras botas de náufragos.

Aguardar que ella llame

               a los muertos,

cuando se haga

               ese gran silencio de agua.

¿Hasta cuándo durará

               este gran entierro?

¡Negra sombra, negra sombra!

               Dulcemente llueve

               sobre tu féretro…

Y el silencio de tu pelo

               muerto entre la niebla.


(De Sombra do aire na herba, 1959)





jueves, 18 de mayo de 2023

LA LLUVIA, de CELSO EMILIO FERREIRO

 


Por este tiempo llega

al lejano país que es mi patria,

la lluvia que redobla en las ventanas.

Tiene cintura de flor diluida en la niebla,

desde un rosal secreto.

 

Desciende

con vaguedad de nieve perezosa,

implacable tacto,

los ojos acaricia y construye

paisajes submarinos.

 

Trae consigo un temblor

de luz en los párpados

y deja el valle poblado de espejos.

 

La recuerdo en mis sueños,

remota hermana mía de otoño,

bajando humildemente desde las cumbres

con alas sosegadas.

 

Algo pasa,

algo comienza ahora.

El oro puro del bosque se incendia,

se acercan los álamos,

hay música en los caminos,

vienen los pájaros,

el aire se atesta de arpas.

 

Y no puedo seguir porque me llueve

una tarde de otoño allá muy dentro.


( De Autoescolha poética, 1972)




domingo, 28 de agosto de 2022

AHORA QUE AÚN PUEDO SENTIRME PADRE DE MI PADRE, de VICENTE ARAGUAS




En esta habitación de techo tan alto

como los suspiros de las muchachas que nos quisieron

como el sol en mitad del verano

repitiéndose en un río cudaloso.

En esta casa de vivos donde vamos tan firmes

porque somos pasado que no desea arder,

periquitos de montes,

espadas con que amar.


En este rostro perplejo cuando tantas preguntas

ni siquiera son nuestras

sino los altos techos

de la casa que nos lleva, corazón del verano.


(De Xuvia revisitada, 2008)




lunes, 1 de marzo de 2021

PAISAJE CON DOLOR DE INVIERNO, de MIGUEL ANXO FERNÁN-VELLO

 




Los árboles nocturnos

tiemblan como una sombra

en la sangre. La sal helada

en la lágrima del frío.

Todo, desnudez de vidrio

nacida en el cuerpo,

y flor de ceniza y nieve.

La distancia es una línea

insatisfecha

en las sílabas del tiempo.

Un enigma de música quebrada,

luz que vacía el crepúsculo.

Y el taxi blanco que es un signo,

el dolor que muerde en el recuerdo

una hora extraña de calles

con brechas transparentes

de olvido.

El astro de la tristeza

y la fiebre oculta de las horas

son un escaparate vacío.

A lo lejos, escindido,

la estrella azul del mar

que no regresa nunca.


(De As certezas do clima, 1996)




domingo, 28 de febrero de 2021

LLUEVE EN LA CIUDAD DE SANTIAGO, de FEDERICO GARCÍA LORCA




Llueve en Santiago
mi dulce amor.
Camelia blanca del aire
brilla en tinieblas el sol.

Llueve en Santiago
de noche oscura.
Hierbas de plata y de sueño
cubren la vacía luna.

Mira en la calle la lluvia,
pena de piedra y cristal.
Mira el viento desvaído
surco y ceniza del mar.

Surco y ceniza del mar
Santiago, lejos del sol;
agua de antigua mañana
temblando en mi corazón.

(De Seis poemas galegos, 1935)


miércoles, 24 de febrero de 2021

"YA SIN RENCOR NI DESPRECIO", de ROSALÍA DE CASTRO

 



Ya ni rencor ni desprecio,

ya ni temor de mudanzas,

tan solo una sed…una sed

de no sé qué que me mata.

Ríos de la vida, ¿dónde estáis?

¡Aire!, que el aire me falta.

-¿Qué ves en esa hondura oscura?,

¿qué ves que tiemblas y callas?

-¡No veo! Miro, como mira

un ciego la luz del sol clara.

Y caigo allí donde

nunca el que cae se levanta.


(De "Libro I Vagedás", de Follas Novas, 1880)




CONFIDENCIAL, de MIGUEL TORGA

No me preguntes, porque nada sé De la vida, Ni del amor, Ni de Dios, Ni de la muerte. Vivo, Amo, Creo sin creer, Y muero, anticipadamente, R...