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martes, 1 de febrero de 2022

A UN POETA ENEMIGO, de SALVATORE QUASIMODO

 



Sobre la arena de Gela de color de paja

me recostaba de niño a la orilla del mar

antiguo de Grecia ahíto de sueños en los puños

cerrados y en el pecho. Allá Esquilo exiliado

midió versos y pasos dolientes,

en aquel golfo abrasado el águila lo vio

y fue su último día. Hombre del Norte, que me quieres

ínferior o muerto para tu paz, espera:

la madre de mi padre tendrá cien años

en la primavera nueva. Espera: que mañana yo

quizá juegue con tu cráneo amarillo por las lluvias.


(De Il falso e vero verde, 1956)

viernes, 21 de enero de 2022

REFUGIO DE NOCTURNAS AVES, de SALVATORE QUASIMODO

 



Allá en lo alto hay un pino combado;

está atento y escucha el abismo

con el tronco torcido cual ballesta.

 

Refugio de nocturnas aves,

en la hora más alta estalla

en un batir de alas veloces.

 

Mi corazón también tiene su nido

suspendido en lo oscuro, una voz;

también atenta, la noche.



(De Aqua e terre, 1930)





lunes, 10 de enero de 2022

LA GARZA MUERTA, de SALVATORE QUASIMODO

 



En el marjal cálido apresada en el cieno,

codiciada por los insectos, en mí se aflige

una garza muerta.

 

Me consumo en la luz y el sonido;

abatido en ecos menesterosos

a veces un soplo gime

olvidado.

 

Piedad, que yo no esté

sin voces ni figura

en la memoria un día.


(De Erato e Apòllion, 1936)



domingo, 22 de agosto de 2021

HOMBRE DE MI TIEMPO, de SALVATORE QUASIMODO


 



Aún eres aquel de la piedra y la honda.

hombre de mi tiempo. Estabas en la cabina,

con las alas malignas, la quietud de la muerte

-te he visto- dentro del carro de fuego, en los patíbulos,

en las ruedas de tortura. Te he visto: eras tú,

con tu ciencia exacta dispuesta al exterminio,

sin amor, sin Cristo. Has asesinado otra vez,

como siempre, como mataron los padres, como mataron

los animales que te vieron por vez primera.

Y esta sangre huele como aquel día

cuando el hermano dijo al otro hermano:

“Vamos al campo”. Y aquel eco frío, obstinado,

llegó hasta ti, en tu día.

Abandonad, oh hijos, las nubes de sangre

que brotan de la tierra, olvidad a los padres:

sus tumbas se hunden en las cenizas,

los negros pájaros, el viento, oscurecen su corazón.


(De Giorno dopo giorno, 1947)

jueves, 23 de mayo de 2019

ÁRDEA MUERTA de SALVATORE QUASIMODO






En la marjal cálida, hundida en el fango,
alimento de insectos, en mí se lamenta
una árdea muerta.

Me extingo en luz y sonido;
sacudido en débiles ecos
de vez en cuando gime un soplo
olvidado.

Piedad, que no me encuentre
sin voces ni figuras
en la memoria un día.


                                                                         
                                                             
(De Erato e Apollion, 1936)




miércoles, 3 de agosto de 2011

LA CARTA A LA MADRE, DE SALVATORE QUASIMODO.







La "Lettere alla madre" la publicó Quasimodo en el poemario La vita non è sogno, en 1949:











“Mater dulcísima, descienden ahora las nieblas
el Barco golpea confusamente contra los diques,
los árboles se hinchan de agua, arden de nieve;
no estoy triste en el Norte, no estoy
en paz conmigo, mas no espero
perdón de nadie, muchos me deben lágrimas
de hombre a hombre. Sé que no está bien que vivas
como todas las madres de los poetas, pobre
y en la justa medida del amor
por los hijos lejanos. Hoy soy yo
quien te escribe.” Por fin, dirás, dos palabras
de aquel niño que huyó de noche con una capa corta
y unos versos en el bolsillo. Pobre, tan impulsivo,
un día, en cualquier lugar, lo matarán.
“Es cierto, lo recuerdo, fue en aquel gris andén
de trenes lentos que llevaban almendras y naranjas
a la desembocadura del Imera, río lleno de urracas,
de sal, de eucaliptos. Pero te agradezco ahora,
lo quiero, la ironía que depositaste
en mis labios, como la tuya, suave.
Aquella sonrisa me salvó de llantos y dolores.
Y no importa si ahora derramo una lágrima por ti,
por todos aquellos que como tú esperan
y no saben qué. Ay, muerte gentil,
no toques el reloj que late sobre el muro de la cocina,
toda mi infancia transcurrió sobe el esmalte
de aquel cuadrante, sobre aquellas flores pintadas;
no toques las manos, el corazón de los viejos.
¿Es que hay alguien que responda? Oh muerte de piedad,
muerte de pudor. Adiós, querida, adiós mi dulcísima mater”.












CONFIDENCIAL, de MIGUEL TORGA

No me preguntes, porque nada sé De la vida, Ni del amor, Ni de Dios, Ni de la muerte. Vivo, Amo, Creo sin creer, Y muero, anticipadamente, R...