martes, 16 de junio de 2026

DOS POEMAS, de POL GUASCH

 


HISTORIA DE LA DESTRUCCIÓN

 

Los padres de nuestros abuelos iban

al bosque, justo al lugar preciso, encendían

un fuego y decían la palabra. Todo

funcionaba. Nuestros abuelos no

supieron hacer el fuego, y pronunciaron:

solo sabemos las palabras que hemos de decir.

Nuestros padres enunciaron:

ni el fuego ni la palabra, no sabemos,

pero sí el lugar del bosque donde hemos de ir.

Ya es suficiente, pensaban. Y, en efecto,

fue así. Nosotros: ni el fuego, ni la

palabra, ni el sitio en medio del bosque.

Todo lo desconocemos. Pero de todo

podemos explicar aún la historia.

 

Lo hacemos.

 

 

SIEMPRE, SIEMPRE…

 

Siempre, siempre, siempre el mismo plato

en la mesa, la misma pared ventana

allí, la misma hoja caduca,

el mismo desierto por transitar

—y tanta sed. Siempre el mismo cielo

encima del cielo la última lámina del cielo,

y encima, el mismo cielo,

y la jabalina, la misma que vuelve

contradiciendo los vientos y la inercia de las manos.

La misma sangre caliente del ataúd,

aquel, que coge polvo en un sexto piso

del cementerio, y la escalera, la misma,

que nos acerca allí, sin números ni letras

ni colores, en el sexto piso. La misma espada

encima de mí al levantarme,

la misma pedrea de balines en el cerebro,

el mismo correr del conejo salvaje

y la misma trampa, la misma, que se ha colocado antes

de atravesar aquel bosque.

La misma sensación del mundo

enganchándoseme a la piel, y de ser el mármol

de donde he de salir, de donde he de salir,

siempre, siempre, siempre,

a golpes de martillo.


(De La part del foc, 2021)



DOS POEMAS, de POL GUASCH

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