domingo, 20 de diciembre de 2020

A ZACINTO, de UGO FOSCOLO

 



¿Nunca más volveré a tocar tu orilla sagrada

donde mi cuerpo infantil descansaba,

mi Zacinto, reflejándote en las ondas

del mar griego, en donde nació virgen

Venus, e hizo fecundas las islas

con su primera sonrisa, para que no acallara

tus nubes limpias y tus arboledas

el ínclito verso de Homero, quien cantó

la fatal travesía y el exilio

de aquel que adornado por la fama y la aventura

besó su rocosa Ítaca, Ulises?

Tú no tendrás otro canto que el del hijo,

oh tierra mía materna; nos impuso

el hado una sepultura sin lágrimas.


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