miércoles, 23 de julio de 2025

EL LIBRO DE LAS HORAS, de MIGUEL TORGA

 


Aquí, delante de mí,

Yo, pecador, me confieso

De ser así como soy.

Me confieso lo bueno y lo malo

Que va al timón de la nave

En esta deriva en que marcho.

 

Me confieso

Poseído

De virtudes teologales

Que son tres,

Y de pecados mortales,

Que son siete,

Cuando la tierra no repite

Que son más.

 

Me confieso

El dueño de mis horas.

O de las cuchilladas ciegas y rabiosas,

Y de las ternuras lúcidas y mansas,

Y de ser de cualquier modo

Andanzas

Del mismo todo.

 

Me confieso ser charco

Y luna de charco, la amalgama.

Ser la cuerda del arco

Que lanza las saetas hacia arriba

Y por debajo de mi alzada.

 

Me confieso ser todo

Lo que pueda nacer en mí.

De tener raíces en el suelo

De mi propia condición.

Me confieso de Abel y de Caín.

 

Me confieso ser hombre.

Ser un ángel caído

Del cielo que Dios gobierna;

Ser un monstruo salido

Del hueco más hondo de la caverna.

 

Me confieso ser yo.

¡Yo, tal cual vengo

Para decir que soy yo

Aquí, delante de mí!


( De O Outro Livro de Job, 1936)




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