RUISEÑOR
Tú también volabas
y quién sabe si te han dictado la ley.
Tu canto, de retorno a la tierra,
en el sol de la tarde, me hace mal.
Pájaro, pájaro mágico, alejado,
ruiseñor de un abril señalado;
demasiado cerca el respiro de las cosas,
demasiado cerca el prado liso
y demasiado alto tu canto
EL ÚNICO
A miles duermen, en innombrables ciudades.
Pero hay uno, nada más que uno,
rico de memoria en su despojo,
todo él solo de país trabajado
donde cantan ruiseñores y ríen flores.
Allá reposaremos. Todo es otoño,
pero el oro del pasado nos enriquece.
Donde comienza y donde acaba la vida,
no lo sabría decir bien.
Así como el río atraviesa fronteras
nosotros vamos más allá de la muerte.
EL HAYEDO
Hemos ido hasta el corazón del hayedo,
hemos ido bosque adentro y te he encontrado,
mañana perdida del alma.
Cuando ya declina el tiempo y sin afán
el corazón no espera otro abril.
El amor de antes nació para encontrar
la herrumbre y el musgo de las piedras.
el ensoñado plenilunio de estos troncos
y esta agua de hojas que tiembla.
Entonces era más joven el paso y el hayedo
nacía ante los ojos como el día primero.
Puede que aún más joven lo veas hoy,
tú que ya habitas en habitaciones sin tiempo,
mientras camino solo y sé que es viejo,
hasta que no llegue el viento que abre las puertas.
HISTORIA
Era un ángel que hacía su camino
y descansaba unos años en nuestra casa.
Nos partimos el pan; todo era alegre.
Ahora vuelve a estar afuera.
(De El príncep, 1954)

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