Es una melodía por la que yo daría
todo Rossini, todo Mozart y todo Weber,
una melodía muy antigua, languideciente y fúnebre,
que solo para mí tiene encantos secretos.
Ahora, cada vez que viene a mi mente,
doscientos años rejuvenece mi alma:
Es sobre Luis XIII, y creo ver extenderse
una ladera verde que al ocaso amarillea.
Después un castillo de ladrillo con esquinas de piedra,
con vidrieras teñidas de colores rojizos,
rodeado de grandes parques con un río
que baña sus pies, que corre entre flores.
Luego una dama en su alta ventana,
rubia con ojos negros, con hábitos antiguos,
que, en otra vida quizá,
yo ya vi… ¡y que yo recuerdo!
(De Odelettes, 1832)

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