Vi las aguas, los cabos, vi las islas
Y el balanceo largo de cocoteros
Vi lagunas azules como zafiros
Rápidas aves furtivos animales
Vi prodigios espantos maravillas
Vi hombres desnudos bailando en arenales
Y oí el profundo sonido de sus hablas
Que ya ninguno de nosotros entendió
Vi hierros y vi saetas y vi lanzas
Oro también a flor de finas olas
Y el fulgor diverso de otros metales
Vi perlas y conchas y corales
Desiertos fuentes trémulas campiñas
Vi el rostro de Eurídice entre nieblas
Vi el frescor de las cosas naturales
Solo del Preste Juan no vi señales
Las órdenes que llevaba no cumplí
Y así contando todo cuanto vi
No sé si todo erré o descubrí
(De Navegações, 1983)
