miércoles, 19 de octubre de 2011

LOS RÍOS, de GIUSEPPE UNGARETTI





LOS RÍOS
Cotici, 16 de agosto de 1916



Me sostengo en este árbol mutilado
abandonado en esta dolina
que tiene la languidez
de un circo
antes o después de la función
y contemplo
el paisaje quieto
de las nubes sobre la luna.

Esta mañana me he tendido
en una urna de agua
y como una reliquia
he reposado.

La corriente del Isonzo
me alisaba
como un canto rodado.

He tirado de
mis cuatro huesos
y me he ido andando
como un acróbata
sobre el agua.

Me he acurrucado
en mis ropas
sucias de guerrero
y como un beduino
me he inclinado a recibir
el sol.

Este es el Isonzo
en quien mejor
me he reconocido
como una fibra dócil
del universo.

Mi suplicio
deviene cuando
no me encuentro
en armonía.

Pero esas manos
ocultas
que me empapan
me regalan
una rara
felicidad.

He repasado
las épocas
de mi vida.

Estos son
mis ríos.

Este es el Serchio
al que fueron atraídos
cerca de dos mil años
mi gente campesina
y mi padre y mi madre.

Este es el Nilo
que me ha visto
nacer y crecer
y arder de inconsciencia
en las vastas llanuras.

Este es el Sena
en cuyas turbiedades
me he mezclado
y me he reconocido.

Estos son mis ríos
contados en el Isonzo.

Esta es mi nostalgia
que en cada uno
se me aparece
ahora que es noche
que mi vida asemeja
una corola
de tinieblas.



lunes, 8 de agosto de 2011

MADRE NOCHE, DE HENRY DE MONTHERLANT







Henry Millon de Montherlant editó su poema "Mère nuit" en su único libro de poesía, Encore un instant de bonheur, en 1934:









MADRE NOCHE



Fue el alba toda la noche.

La claridad de la noche me despertó en mitad de la noche.

una noche que nos llega de otra edad.



Y le dije: “Madre noche, madre noche,

dime, dime y dile a él también,

dile a mi pequeño hermano en su dulce rostro,

aquello que os hace clara”.



Mi mano pende fuera del lecho.

La noche entra y se acuclilla.

Mi mano pende fuera del lecho.



He sentido sobre mi mano su frío hocico.

Le digo: “Madre noche, debes tener frío,

entra en mi lecho, hay lugar para tres”.



Después nevó el olvido, el olvido,

el olvido, el olvido, el olvido.


miércoles, 3 de agosto de 2011

LA CARTA A LA MADRE, DE SALVATORE QUASIMODO.







La "Lettere alla madre" la publicó Quasimodo en el poemario La vita non è sogno, en 1949:











“Mater dulcísima, descienden ahora las nieblas
el Barco golpea confusamente contra los diques,
los árboles se hinchan de agua, arden de nieve;
no estoy triste en el Norte, no estoy
en paz conmigo, mas no espero
perdón de nadie, muchos me deben lágrimas
de hombre a hombre. Sé que no está bien que vivas
como todas las madres de los poetas, pobre
y en la justa medida del amor
por los hijos lejanos. Hoy soy yo
quien te escribe.” Por fin, dirás, dos palabras
de aquel niño que huyó de noche con una capa corta
y unos versos en el bolsillo. Pobre, tan impulsivo,
un día, en cualquier lugar, lo matarán.
“Es cierto, lo recuerdo, fue en aquel gris andén
de trenes lentos que llevaban almendras y naranjas
a la desembocadura del Imera, río lleno de urracas,
de sal, de eucaliptos. Pero te agradezco ahora,
lo quiero, la ironía que depositaste
en mis labios, como la tuya, suave.
Aquella sonrisa me salvó de llantos y dolores.
Y no importa si ahora derramo una lágrima por ti,
por todos aquellos que como tú esperan
y no saben qué. Ay, muerte gentil,
no toques el reloj que late sobre el muro de la cocina,
toda mi infancia transcurrió sobe el esmalte
de aquel cuadrante, sobre aquellas flores pintadas;
no toques las manos, el corazón de los viejos.
¿Es que hay alguien que responda? Oh muerte de piedad,
muerte de pudor. Adiós, querida, adiós mi dulcísima mater”.












martes, 29 de marzo de 2011

ALDA MERINI, UNA VOZ ÓRFICA


La voz arrebatada de la poeta italiana Alda Merini, presa de la locura y del amor, en la tralla lacerante de la vida.

La voz órfica, sagrada, de una mujer inigualable y maravillosa que fulge en la noche y nos acuna en los malos sueños.

Rescato y traduzco aquí un poema -de su libro Poesie per Marina-, dedicado a su editor Vanni Scheiwiller.

Alda, por entonces -1986-, deja Tarento, donde ha convivido frágilmente durante tres años con su nuevo esposo, el poeta Michele Pierri, y donde presa de la locura de la poesía escribe La gazza ladra y L'altra verità. Diario di una diversa, y se dirige a Milán.

Oigamos sus "vestigios divinos":



Con aquel tren de Tarento, infinito,

donde se curará la sombra de mi juventud,

un día volveré.

Volveré, Vanni, del amor que he perdido

entre los gozosos olivos de la tierra,

volveré a su viejo cuerpo...

Hasta aquí, Vanni, no he vivido mas que un año

de dolor perdido:

y cuando el sol me curaba la sien,

oh Vanni, rogaba al Señor

que me llevase con él.

Pero con aquel tren de Tarento, gris,

más aún que el martirio más duro,

más aún que el hospital de Affori,

volveré un día a sentir la salinidad

pura,

las oscuras sombras de los muertos

la tradición de los vencidos,

el respaldo de las estaciones.

Volveré, oh Vanni, a redimir el dolor de siempre

aquel que asentó raíces lejos,

ya sabes...

Los locos sacramentos

donde se celebraban oscuras fiestas

en los antros de los manicomios

y el trípode de una biblia llena de melancolía

y los sentidos sumidos en un profundo vértigo

y el mar oscuro como el sentido de la culpa,

ay de mí, tan lejano,

y tan cercano a mi cuerpo.

Pero yo, Vanni, volveré a aquel golfo y por ti y por mí

y por todos cuantos tienen vestigios divinos:

Afrodita me cubre de oro la sien

en mis días de furor,

pero aquí como la ninfa salvaje que anhela las aguas

he metido el pie en el estanque más puro

y en vez de agua era sangre,

era sangre de amor,

y surgí dormida en la palabra

surgí dormida en mis largos cabellos

surgí enamorada del canto infeliz

que había escondido el lirio de Orfeo,

magnífico execrable patrón

de mi juventud.

Oh Vanni, la ebriedad de los sentidos

trueca el velo de la eterna armonía:

volveré a él, a ti

volveré a morir.

martes, 24 de agosto de 2010

PASOLINI, UNA NERA RABBIA DI POESIA NEL PETTO


El título de esta entrada pertenece a un verso del poema de Pier Paolo Pasolini, "Frammento alla morte", perteneciente al poemario La religione del mio tempo (1961). Lo intercalé tal cual, en italiano, en un poema (columna trunca) que aparece al comienzo de mi poemario Paisaje desde el sueño, que edité hace dos años. Allí decía:

Originada en mí
desde el desolado paisaje de lo vivo,
surge una voz hosca
de una luz púber,
desde la rabbia di poesia nel petto.

La obra de Pasolini, su poesía, ha sido -es- en mi biografía de lector, algo extrañamente necesario que surge de manera imprevista en mi deseo y cada vez que a ella me dirijo, siento su destino, su fuerza innata, pura, la vitalidad de su grito. Leo y releo sus poemas como alimento, ahora espejos, otrora enmarañadas sendas, siempre formas civiles y humanas del decir y del preguntar que me hacen más ciudadano y más hombre.
Iré dando en este blog muestras de mi pasión pasoliniana. Hoy presento una traducción de su poema, "Supplica a mia madre" y añado un video extraordinario que recoge la lectura que hizo del poema el propio Pasolini. Voz unida a las imágenes de su film "Mamma Roma".


SÚPLICA A MI MADRE

Es difícil decir esto con palabras de hijo
a quien cuyo corazón bien poco me asemejo.

Tu eres la única en el mundo que sabe, de mi corazón,
esto que ha sido siempre, antes que cualquier otro amor.

Por eso he de decirte lo que es horrendo conocer:
es de tu misma gracia de donde nace mi angustia.

Eres insustituible. Por eso está condenada
a la soledad la vida que me diste.

Y no quiero estar solo. Tengo un hambre infinita de amor,
del amor de los cuerpos sin alma.

Porque el alma está en ti, eres tú,
pero tu eres mi madre y tu amor es mi esclavitud:

he pasado la infancia esclavo de este sentido
alto, irremediable, de un compromiso inmenso.

Era el único modo de sentir la vida,
el único color, la única forma: ahora todo ha acabado.

Sobrevivimos: y es la confusión
de una vida renacida fuera de la razón.

Te lo suplico, ay, te lo suplico: no quieras morir.
Estoy aquí, solo, contigo, en un futuro abril.



martes, 22 de diciembre de 2009

ALBERTO CAEIRO: EL PASTOR Y SU SUEÑO DE LA EXTRAORDINARIA HISTORIA DEL NIÑO JESÚS



El pastor, el mestre Caeiro, aquel "metaphysico á grega", es decir, aquel presocrático, pero sin Grecia, aquel místico sin Dios y sin dioses, aunque rodeado de todo lo divino, esto es, de las cosas, condujo sus rebaños -pensamientos que son sensaciones- más allá de lo pensable, hacia la realidad.


Desde su aldea, "tan grande como cualquier otra tierra / porque yo soy del tamaño de lo que veo / y no del tamaño de mi estatura...", viviendo "... en la cima de un otero / en una casa encalada y solitaria...", este hombre al que habríamos querido conocer con toda nuestra alma, guarda sus rebaños, los desplaza por las veredas montañosas de las provincias del norte de Portugal, mientras siente en él "... correr la vida como un rio en su lecho / y fuera un gran silencio, como de dios dormido".


En su diario, reunido bajo el nombre de O Guardador de Rebanhos -ese libro que "não é d´elle: é elle", como dijo Guedes-, contó un sueño, con esa característica "prosa dos meus versos".


Ha dicho algún crítico que esta obra es una parodia del cristianismo. No estoy de acuerdo. Hay desde luego un juego paródico, una trangresión al código, pero eso sólo es lo epidérmico. Late en él una verdad última que quisiera ver como la razón última del credo nazareno: fraternidad, caridad, piedad.


En ese sueño veo cumplirse de forma extraordinaria la "kénosis" de la que habló Pablo a los Filipenses: un vaciamiento de sí mismo, de su divinidad, que es la búsqueda del límite de lo divino y del límite de lo humano. Y en esa frontera, que es tierra de nadie y es tierra de todos, vive el pastor y su rebaño, y en él -con él- ese Niño Jesús que es Eterna Criatura.


Aquí les dejo mi traducción del poema de Caeiro, y, al final, un video que recoge la recitación del original en portugués, por la magnífica Maria Bethânia, deseándoles una Feliz Navidad:




En un mediodía de finales de Primavera
tuve un sueño como una fotografía.
Vi a Jesucristo descender a la tierra.
Lo vi por la ladera de un monte
vuelto otra vez niño,
correr y rodar por la hierba
arrancando flores para lanzarlas
y riendo de tal modo que se le oyera a lo lejos.
Había huído del cielo.
Era demasiado nuestro para fingir ser
la segunda persona de la Trinidad.
En el cielo todo era falso, todo en desacuerdo
con las flores y los árboles y las piedras.
Siempre tenía que estar serio en el cielo
y de vez en cuando volverse hombre otra vez
y subir a la cruz, y estar siempre muriendo
con una corona rodeada toda de espinas
y los pies fijados con un clavo trabal,
y hasta con un trapo alrededor de la cintura
como los negros de las ilustraciones.
Ni siquiera le dejaban tener padre y madre
como a las otras criaturas.
Su padre era dos personas
un viejo llamado José, que era carpintero,
y que no era su padre;
y otro padre que era una paloma estúpida,
la única paloma fea del mundo
porque no era del mundo ni era una paloma.
Y su madre no había amado antes de tenerlo.
No era mujer: era una maleta
en la que él vino del cielo.
Y querían que él, que sólo nació de madre,
y nunca tuvo padre al que amar con respeto,
predicase la bondad y la justicia.
Un buen día que Dios estaba dormido
y el Espíritu Santo andaba en sus vuelos,
fue a la caja de los milagros y robó tres.
Con el primero hizo que nadie supiera que había huido.
Con el segundo se creó eternamente humano y niño.
Con el tercero creó un Cristo eternamente en la cruz.
Y lo dejó clavado en la cruz que hay en el cielo
y sirve de modelo a otras.
Después huyó hacia el Sol
y descendió por el primer rayo que cogió.
Vive hoy en mi aldea conmigo.
Es una criatura risueña y natural.
Se suena la nariz con el brazo derecho,
chapotea en los charcos,
coge flores, goza de ellas y las olvida.
Tira piedras a los burros,
roba las frutas de las huertas
y huye llorando y gritando de los perros.
Y, porque sabe que a ellas no les gusta
y que hace gracia a la gente,
corre detrás de las muchachas
que van en grupos por los caminos
con los cántaros en las cabezas
levantándoles las faldas.
A mí me enseñó todo.
Me enseñó a mirar las cosas.
Me señaló todas las cosas que hay en las flores.
Me mostró cómo las piedras son preciosas
cuando la gente la tiene en su mano
y las mira con paciencia.
Me habla muy mal de Dios.
Me dice que es un viejo estúpido y enfermo,
siempre escupiendo en el suelo
y diciendo indecencias.
La Virgen María pasa las tardes de eternidad haciendo calceta.
Y el Espíritu Santo se rasca con el pico
posándose en las sillas y ensuciándolas.
Todo en el cielo es estúpido como en la Iglesia Católica.
Me dice que Dios no entiende nada
de las cosas que creó
”Si es que las creó, cosa que dudo”.
“Él dice, por ejemplo, que los seres cantan su gloria,
pero los seres no cantan nada,
si cantasen serían cantores.
Los seres existen nada más,
y por eso se llaman seres.”
Y después, cansado de hablar mal de Dios,
el Niño Jesús se adormece en mis brazos
y lo llevo en hombros hacia casa.
…...............................


Él vive conmigo en mi casa en mitad del otero.
Él es la Eterna Criatura, el dios que faltaba.
Él es lo humano que es natural,
es lo divino que sonríe y bromea.
Y es por eso por lo que sé con toda certeza
que él es el Niño Jesús verdadero.
Y la criatura tan humana que es divina
es ésta, mi cotidiana vida de poeta;
y es porque anda siempre conmigo por lo que soy siempre poeta.
Y por lo que mi ínfima mirada
me sacia de sensación,
y el más debil sonido, sea de lo que fuere,
parece hablar conmigo.
La Nueva Criatura que habita donde yo vivo
me da a mí una mano
y la otra a todo cuanto existe
y así vamos los tres por el camino que fuere,
saltando y cantando y riendo
y gozando de nuestro común secreto
que es el de saber en cualquier parte
que no hay misterio en el mundo
y que todo vale la pena.
La Eterna Criatura me acompaña siempre.
La dirección de mi mirar es la de su dedo señalando.
Mi oído atento alegremente a todos los sonidos
es las cosquillas que me hace, divirtiéndose, en mis orejas.
Estamos tan bien el uno con el otro
en compañía de todo
que nunca pensamos uno en otro,
mas vivimos juntos los dos
con un íntimo acuerdo
como la mano derecha con la izquierda.
Al anochecer jugamos a las cinco piedrecillas
en el escalón de la puerta de casa,
graves, como conviene a un dios y a un poeta,
y como si cada piedra
fuese todo un universo
y fuese por ello un gran peligro para ella
dejarla caer al suelo.
Después le cuento historias de las cosas de los hombres
y él sonríe, porque todo es increíble.
Ríe de los reyes y de los que no lo son,
y tiene pena de oir de las guerras,
y de los negocios, y de los navíos
que se tornan humo al aire de los altos mares.
Porque él sabe que todo eso falta a aquella verdad
que posee una flor en su florecer
y que va como la luz del Sol
variando los montes y los valles
y haciendo que los muros encalados duelan en los ojos.
Después él se adormece y lo acuesto.
Lo llevo en hombros hacia casa
y lo acuesto, desvistiéndolo lentamente
y como siguiendo un ritual muy limpio
y en todo maternal, hasta quedar desnudo.
Duerme dentro de mi alma
y a veces se despierta de noche
y juega con mis sueños.
Pone patas arriba a unos,
coloca unos encima de otros
y aplaude a solas
sonriendo a mi sueño.
…............................


Cuando yo muera, hijo mío,
que sea yo la criatura, el más pequeño.
Cógeme en hombros
y llévame hacia dentro de tu casa.
Desnuda mi ser cansado y humano
y acuéstame en tu cama.
Y cuéntame historias, si me desvelo,
para tornarme a adormecer.
Y dame tus sueños para que juegue
hasta que nazca en cualquier día
que tú ya sabes cuál es.
…...................................


Ésta es la historia de mi Niño Jesús.
¿Por qué razón que se comprenda
no ha de ser más verdadera
que todo cuanto los filósofos piensan
y todo cuanto las religiones enseñan?




lunes, 14 de diciembre de 2009

BERTA PIÑÁN: ÑEROS DE LLUME Y SIMIENTE

"Siento el camientu de lo etenro que fai ñeros de llume y simiente", dicen unos versos de un extraña y candente voz astur, la de Berta Piñán, en su poemario Al abellu les besties. Una voz que es temblor y maravilla. Una voz de esa segunda generación del movimiento cultural, lingüístico, conocido con el nombre de "Surdimientu", en la que se aúnan, a la de Piñán, las voces de Xuan Bello, Antón García, Lourdes Álvarez o Pablo Antón Marín.
De su primer poemario traduzco este poema:







MITOLOGÍA

Este aire que ensambló las piedras,
la tristeza...
Agosto es la sombra de la soledad,
la fecha olvidada en un libro muerto, Siento
la sospecha de lo eterno que hace nidos
de lumbre y simiente
sobre tu cuerpo,
dibuja la caricia que los mapas olvidan.
No hay otro mensaje que mis palabras
sin ritmo,
no hay otra lengua donde poder hablarte,
ni otra luna que la noche contenga.
Quizá un dios de luengas manos derrame
la leche sagrada
en el cuenco vacío del invierno
y se haga luz precisa la espera.

A este primer libro, Al abellu les besties (1985), le seguirían Vida privada (1991), Temporada de pesca (1998), Un mes (2003) y La maleta al agua (2005). Ofrezco a continuación la traducción de dos poemas: el primero pertenece a Temporada de pesca, el siguiente a Un mes:


ARS POETICA

En papel trazo los pocos signos
que conozco: los nombres del amor,
el de la muerte.
Lentamente voy contando las sílabas
primeras. Digo casa, digo rio
y sus secretos.
También cuidadosamente mido
el paso de los años, las cenizas,
que fueron rosa y misterio
y plenitud de vida.
Así cumplo y celebro
torpemente los días:
dar forma a la palabra es el enigma.



LECCIÓN DE GRAMÁTICA

¿Cómo se dice en uolof la palabra frontera, la palabra
patria? ¿Y en sonike? ¿Cómo llamáis al desamparo?
Si queréis decir en bereber, por ejemplo, "yo tuve una casa
en una arrabal de Rabat" ¿ponéis en este orden la frase? ¿Cómo
se conjugan en bambara los verbos que llevan al norte,
qué adjetivos cuadran a la palabra mar, a la palabra muerte?
Si tenéis que iros, ¿es la palabra adiós un sustantivo?
¿Cómo se pronuncia en diakhanké la palabra exilio? ¿Hay que
juntar los labios? ¿Duelen? ¿Qué pronombres usáis para quien espera
en la playa, para quien regresa sin nada? Cuando señaláis hacia allá, hacia
casa, ¿qué adverbio escogéis? ¿Cómo se dice en vuestra, en nuestra lengua
la palabra futuro?

En siguientes entradas retornaré sobre la poesía de Berta Piñán. Ahora les dejo con un video basado en su poema "La casa", del poemario Un mes:







MAMPARA DE LUZ, de FERNANDO PESSOA

  La lámpara encendida (Otro la encendió) Proyecta una belleza Sobre el suelo que tengo En mi cuarto desierto Salvo mi soñar, Ha...