No me preguntes, porque nada sé
De la vida,
Ni del amor,
Ni de Dios,
Ni de la muerte.
Vivo,
Amo,
Creo sin creer,
Y muero, anticipadamente,
Resucitando.
El resto son palabras
Que memoricé
De tanto oirlas.
Y la palabra
Es el orgullo del silencio, avergonzado.
En un tiempo de minuteros, fijado,
Sin nada que preguntar,
Mira, sin tiempo, lo que ves
Acontecer.
Y en mi mudez
Aprende a adivinar
Lo que de mí no puedas entender.
(En Diário, XV, 1990)

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