domingo, 10 de marzo de 2013

Dos poemas, de José Mário Silva.

 

hipermetropía


 

En las fotografías más antiguas
sigo usando gafas: memoria
de las lentes rayadas y los paños
de franela. Un día las dioptrías
desaparecerán (“perfecto”, dice
el oftalmólogo) y veré
mejor lo que está lejos –pero no tan
lejos que consiga alcanzar, hoy,
lo que veía cuando las patillas
me lastimaban detrás de las orejas.

rescate

La memoria,
indecisa luz,
aún ignora,
lo que debe
iluminar.

sábado, 9 de marzo de 2013

las fotografías de otro lugar, de Manoel Ricardo de Lima




las fotografías de otro lugar
 
                                         para júlia studart
 
 
en la pared, entre dos ventanas de cristal
y una cortina azul. allí, quietas, casi
muertas, sin propósito, tres fotografías. sin
ver, ninguna imagen del presente,
siempre de paso, detenidas, en
blanco y negro el menor fragmento de
un lugar: los de ella.
 
desvía el gesto de saludo, voy: sin
retorno, remordimiento. pero aquello que
somete entero al abandono. de blanco
y rojo. y blanca, sin voz: yo aún
siempre vivo aquí, oímos alto. exentas
suave-suaves, las fotos (y la isla[i]):
recuerdo una vieja ciudad, roja
de murallas y torres, calcinada sobre la llanura
infinita en el agosto tórrido, con el lejano
refrigerio de las colinas verdes y suaves
al fondo[ii].
 
 
un hilo rojo de acallar en los
pechos, el anillo en el pulgar de la mano
derecha, la sandalia nueva: y ella no dice
lo mismo del rojo. ni diría el dolor en el pie, en
el pie izquierdo, hacia el lado hacia el bosque sin
frontera y sin mundo, mi amor.
 
 
MANOEL RICARDO DE LIMA
 

 



[i] En castellano en el original.
[ii] Estos cinco versos están en italiano, en el original. Pertenecen a “La notte” de los Canti orfici de Dino Campana.

jueves, 21 de febrero de 2013

EL DEVOTO DE PEDRET, de Raül Garrigasait.


Yo soy el espejo de todo retorno

y el vacío de toda vida.

Siempre alejado atiendo el contorno

donde se funde el tiempo y Dios me olvida.

Yo soy el espejo de todo retorno.

 

Yo soy de cada instante el confín,

el primer légamo de cada día,

y crezco para deshacerme al fin

en lo Eterno donde dormimos sin acedía.

Yo soy de cada instante el confín.

 

Yo soy el espejo de todo retorno

y el fulgor de las horas derrotadas,

y sé del pavo que huye del entorno

hacia Sus palabras siempre calladas.
Yo soy el espejo de todo retorno.


Del libro, La tendra mà de cada arrel,  (Viena, 2005).

 

miércoles, 22 de agosto de 2012

EL PODER DE LA ALGARABÍA, de Jorge Lucio de Campos




EL PODER DE LA ALGARABÍA



Las palabras se avienen

a múltiples fines



Las claveteo con fuerza

en la mudez del tiempo



Unas, en ruinas

murmuran inaudibles



Otras van más allá y

junto a la lluvia—



por blancura—

mueren conmigo



Conmigo muere

lo bullicioso.

(De El dolor del lenguaje, 1996.)

martes, 21 de agosto de 2012

ERMITA, de Vincenzo Ananìa.

                             

                                ERMITA


¿Una ermita abandonada? puertas desgarradas
trofeos deshechos del pez espada en las paredes
un jarro de vino que sabe a vinagre
y el manuscrito con los versos corregidos
la Biblia abierta por el Génesis.

Desde la ventana picada de guano y arena
veo el mar a través de los muros
y rígido en una barca inmóvil
con el surco de la soga en el cuello
el retrato del hombre sobre la chimenea.

(de Las alas de Darwin, 1999)

martes, 17 de enero de 2012

PASOLINI, EL DÍA DE MI MUERTE




El poeta asturiano Xuan Bello ha publicado en su blog, http://www.xuanbello.com/, Les isles interiores,  una interesante entrada en la que recoge un artículo publicado por él en El Comercio: "Un poema de Pier Polo Pasolini"; en él nos habla de un temprano poema escrito por el poeta y cineasta italiano,  en su querido friulano, "“Il dí da la me muàrt”. Helo aquí, traducido:






    En una ciudad, Trieste o Udine,
    por una avenida de tilos,
    cuando en primavera
    cambian de color las hojas,
    caeré muerto
    bajo el sol ardiente,
    alto y rubio,
    y cerraré mis párpados
    dejando en su esplendor el cielo.
    Bajo un tilo cálido de verde,
    caeré en el negro
    de mi muerte que dispersará
    los tilos y el sol.
    Los buenos jóvenes
    correrán a aquella luz
    que acabo de perder,
    escapando de sus escuelas,
    con los rizos sobre la frente.
    Yo seré aún joven,
    con la camisa clara,
    y los dulces cabellos lloviendo
    sobre el amargo polvo.
    Estaré aún caliente
    y un joven, corriendo por el asfalto
    cálido de la avenida,
    me pondrá su mano
    sobre mi regazo de cristal.

miércoles, 19 de octubre de 2011

LOS RÍOS, de GIUSEPPE UNGARETTI





LOS RÍOS
Cotici, 16 de agosto de 1916



Me sostengo en este árbol mutilado
abandonado en esta dolina
que tiene la languidez
de un circo
antes o después de la función
y contemplo
el paisaje quieto
de las nubes sobre la luna.

Esta mañana me he tendido
en una urna de agua
y como una reliquia
he reposado.

La corriente del Isonzo
me alisaba
como un canto rodado.

He tirado de
mis cuatro huesos
y me he ido andando
como un acróbata
sobre el agua.

Me he acurrucado
en mis ropas
sucias de guerrero
y como un beduino
me he inclinado a recibir
el sol.

Este es el Isonzo
en quien mejor
me he reconocido
como una fibra dócil
del universo.

Mi suplicio
deviene cuando
no me encuentro
en armonía.

Pero esas manos
ocultas
que me empapan
me regalan
una rara
felicidad.

He repasado
las épocas
de mi vida.

Estos son
mis ríos.

Este es el Serchio
al que fueron atraídos
cerca de dos mil años
mi gente campesina
y mi padre y mi madre.

Este es el Nilo
que me ha visto
nacer y crecer
y arder de inconsciencia
en las vastas llanuras.

Este es el Sena
en cuyas turbiedades
me he mezclado
y me he reconocido.

Estos son mis ríos
contados en el Isonzo.

Esta es mi nostalgia
que en cada uno
se me aparece
ahora que es noche
que mi vida asemeja
una corola
de tinieblas.



lunes, 8 de agosto de 2011

MADRE NOCHE, DE HENRY DE MONTHERLANT







Henry Millon de Montherlant editó su poema "Mère nuit" en su único libro de poesía, Encore un instant de bonheur, en 1934:









MADRE NOCHE



Fue el alba toda la noche.

La claridad de la noche me despertó en mitad de la noche.

una noche que nos llega de otra edad.



Y le dije: “Madre noche, madre noche,

dime, dime y dile a él también,

dile a mi pequeño hermano en su dulce rostro,

aquello que os hace clara”.



Mi mano pende fuera del lecho.

La noche entra y se acuclilla.

Mi mano pende fuera del lecho.



He sentido sobre mi mano su frío hocico.

Le digo: “Madre noche, debes tener frío,

entra en mi lecho, hay lugar para tres”.



Después nevó el olvido, el olvido,

el olvido, el olvido, el olvido.


miércoles, 3 de agosto de 2011

LA CARTA A LA MADRE, DE SALVATORE QUASIMODO.







La "Lettere alla madre" la publicó Quasimodo en el poemario La vita non è sogno, en 1949:











“Mater dulcísima, descienden ahora las nieblas
el Barco golpea confusamente contra los diques,
los árboles se hinchan de agua, arden de nieve;
no estoy triste en el Norte, no estoy
en paz conmigo, mas no espero
perdón de nadie, muchos me deben lágrimas
de hombre a hombre. Sé que no está bien que vivas
como todas las madres de los poetas, pobre
y en la justa medida del amor
por los hijos lejanos. Hoy soy yo
quien te escribe.” Por fin, dirás, dos palabras
de aquel niño que huyó de noche con una capa corta
y unos versos en el bolsillo. Pobre, tan impulsivo,
un día, en cualquier lugar, lo matarán.
“Es cierto, lo recuerdo, fue en aquel gris andén
de trenes lentos que llevaban almendras y naranjas
a la desembocadura del Imera, río lleno de urracas,
de sal, de eucaliptos. Pero te agradezco ahora,
lo quiero, la ironía que depositaste
en mis labios, como la tuya, suave.
Aquella sonrisa me salvó de llantos y dolores.
Y no importa si ahora derramo una lágrima por ti,
por todos aquellos que como tú esperan
y no saben qué. Ay, muerte gentil,
no toques el reloj que late sobre el muro de la cocina,
toda mi infancia transcurrió sobe el esmalte
de aquel cuadrante, sobre aquellas flores pintadas;
no toques las manos, el corazón de los viejos.
¿Es que hay alguien que responda? Oh muerte de piedad,
muerte de pudor. Adiós, querida, adiós mi dulcísima mater”.












martes, 29 de marzo de 2011

ALDA MERINI, UNA VOZ ÓRFICA


La voz arrebatada de la poeta italiana Alda Merini, presa de la locura y del amor, en la tralla lacerante de la vida.

La voz órfica, sagrada, de una mujer inigualable y maravillosa que fulge en la noche y nos acuna en los malos sueños.

Rescato y traduzco aquí un poema -de su libro Poesie per Marina-, dedicado a su editor Vanni Scheiwiller.

Alda, por entonces -1986-, deja Tarento, donde ha convivido frágilmente durante tres años con su nuevo esposo, el poeta Michele Pierri, y donde presa de la locura de la poesía escribe La gazza ladra y L'altra verità. Diario di una diversa, y se dirige a Milán.

Oigamos sus "vestigios divinos":



Con aquel tren de Tarento, infinito,

donde se curará la sombra de mi juventud,

un día volveré.

Volveré, Vanni, del amor que he perdido

entre los gozosos olivos de la tierra,

volveré a su viejo cuerpo...

Hasta aquí, Vanni, no he vivido mas que un año

de dolor perdido:

y cuando el sol me curaba la sien,

oh Vanni, rogaba al Señor

que me llevase con él.

Pero con aquel tren de Tarento, gris,

más aún que el martirio más duro,

más aún que el hospital de Affori,

volveré un día a sentir la salinidad

pura,

las oscuras sombras de los muertos

la tradición de los vencidos,

el respaldo de las estaciones.

Volveré, oh Vanni, a redimir el dolor de siempre

aquel que asentó raíces lejos,

ya sabes...

Los locos sacramentos

donde se celebraban oscuras fiestas

en los antros de los manicomios

y el trípode de una biblia llena de melancolía

y los sentidos sumidos en un profundo vértigo

y el mar oscuro como el sentido de la culpa,

ay de mí, tan lejano,

y tan cercano a mi cuerpo.

Pero yo, Vanni, volveré a aquel golfo y por ti y por mí

y por todos cuantos tienen vestigios divinos:

Afrodita me cubre de oro la sien

en mis días de furor,

pero aquí como la ninfa salvaje que anhela las aguas

he metido el pie en el estanque más puro

y en vez de agua era sangre,

era sangre de amor,

y surgí dormida en la palabra

surgí dormida en mis largos cabellos

surgí enamorada del canto infeliz

que había escondido el lirio de Orfeo,

magnífico execrable patrón

de mi juventud.

Oh Vanni, la ebriedad de los sentidos

trueca el velo de la eterna armonía:

volveré a él, a ti

volveré a morir.

martes, 24 de agosto de 2010

PASOLINI, UNA NERA RABBIA DI POESIA NEL PETTO


El título de esta entrada pertenece a un verso del poema de Pier Paolo Pasolini, "Frammento alla morte", perteneciente al poemario La religione del mio tempo (1961). Lo intercalé tal cual, en italiano, en un poema (columna trunca) que aparece al comienzo de mi poemario Paisaje desde el sueño, que edité hace dos años. Allí decía:

Originada en mí
desde el desolado paisaje de lo vivo,
surge una voz hosca
de una luz púber,
desde la rabbia di poesia nel petto.

La obra de Pasolini, su poesía, ha sido -es- en mi biografía de lector, algo extrañamente necesario que surge de manera imprevista en mi deseo y cada vez que a ella me dirijo, siento su destino, su fuerza innata, pura, la vitalidad de su grito. Leo y releo sus poemas como alimento, ahora espejos, otrora enmarañadas sendas, siempre formas civiles y humanas del decir y del preguntar que me hacen más ciudadano y más hombre.
Iré dando en este blog muestras de mi pasión pasoliniana. Hoy presento una traducción de su poema, "Supplica a mia madre" y añado un video extraordinario que recoge la lectura que hizo del poema el propio Pasolini. Voz unida a las imágenes de su film "Mamma Roma".


SÚPLICA A MI MADRE

Es difícil decir esto con palabras de hijo
a quien cuyo corazón bien poco me asemejo.

Tu eres la única en el mundo que sabe, de mi corazón,
esto que ha sido siempre, antes que cualquier otro amor.

Por eso he de decirte lo que es horrendo conocer:
es de tu misma gracia de donde nace mi angustia.

Eres insustituible. Por eso está condenada
a la soledad la vida que me diste.

Y no quiero estar solo. Tengo un hambre infinita de amor,
del amor de los cuerpos sin alma.

Porque el alma está en ti, eres tú,
pero tu eres mi madre y tu amor es mi esclavitud:

he pasado la infancia esclavo de este sentido
alto, irremediable, de un compromiso inmenso.

Era el único modo de sentir la vida,
el único color, la única forma: ahora todo ha acabado.

Sobrevivimos: y es la confusión
de una vida renacida fuera de la razón.

Te lo suplico, ay, te lo suplico: no quieras morir.
Estoy aquí, solo, contigo, en un futuro abril.



MAMPARA DE LUZ, de FERNANDO PESSOA

  La lámpara encendida (Otro la encendió) Proyecta una belleza Sobre el suelo que tengo En mi cuarto desierto Salvo mi soñar, Ha...