viernes, 29 de enero de 2016

STÉPHANE MALLARMÉ. LA PIPA



Ayer, anhelando una larga tarde de trabajo, de buen trabajo de invierno, encontré mi pipa. Descartados los cigarrillos con todos sus juegos infantiles del pasado que iluminan las hojas azules del sol, las muselinas, retomé mi pipa grave para un hombre circunspecto que desea fumar por mucho tiempo, sin distraerse, con el deseo de trabajar mejor; pero no esperaba la sorpresa que la abandonada me deparaba; apenas di la primera calada, olvidé los grandes libros que debía escribir, maravillado, enternecido, respiré el invierno pasado, que regresaba.

No había tocado a mi fiel amiga desde mi regreso a Francia, y todo Londres, el Londres que había vivido para mí solo hace un año, regresó; primero las queridas brumas que empañan nuestro cerebro, y tienen allí un olor tan suyo cuando se cuelan por las ventanas. Mi tabaco olía a cuarto oscuro con muebles de cuero espolvoreados por el hollín de carbón sobre los que retozaba un flaco gato negro; ¡grandes fuegos! y la chica de brazos rojizos echaba los carbones del cubo metálico a la cesta de hierro, la mañana ―¡mientras el cartero llamaba con un doble golpe solemne, que me daba vida!― He vuelto a ver por las ventanas los árboles enfermos de la plaza solitaria ―he visto el horizonte a menudo atravesado este invierno, temblando sobre el puente del steamer mojado por la llovizna y ennegrecido de tizne― con mi pobre bienamada errante, con hábito de viajera, un largo traje sin brillo coloreado por el polvo de los caminos, una capa pegada a sus fríos hombros, uno de esos sombreros de paja sin plumas y casi sin cintas que las damas ricas lanzan cuando llegan, pues se desmenuzan por el aire de la mar y que las pobres bienamadas vuelven a reparar para que duren algunas estaciones más. Alrededor de cuello se arrebujaba el terrible pañuelo que se agitaba diciendo adiós, para siempre.

(De Divagations, 1897)


miércoles, 29 de julio de 2015

NEL·LO NAVARRO



NEL·LO NAVARRO

Hará cosa  de uno o dos meses, un compañero me pasó un poemario que me había dejado en el IES de Almenara, donde trabajo, un amigo de la Vall d´Uixò que estuvo trabajando en nuestro centro unos años atrás. Con el ajetreo del final de curso, tanto en el Instituto como en la Facultad de Magisterio, donde también imparto algunas clases, y atareado en otros menesteres, no pude leerlo e ignoraba exactamente la razón que le había llevado a obsequiarme con aquel libro.
No conozco personalmente a Nel·lo Navarro, puede que nos hallamos cruzado alguna vez en la vida pero lo ignoro, y solamente mantuve una pequeña relación “virtual” a través de una red social de la que él, seguro que sabiamente, se apartó bien pronto. Tenemos algunos amigos en común, eso sí, que alguna vez me han hablado de él, como son Manuel Bellver o Manel Alonso, y, desde luego, conozco su poesía y reconozco en él un lletraferit, como decimos por aquí, y un cuidadoso y apasionado poeta. He leído y gozado con L´empremta dels ammonits, que recibió en 2002 el premio de poesía Jaume Bru i Vidal.
Otro compañero común, Josep Manuel Palomar, me dio a leer un libro que él escribió junto a Nel·lo, Símbols en el ferro, en el que descubrí su faceta investigadora, centrada sobre todo en el periodo de la Guerra Civil.
Una tarde de este caluroso verano, recogiendo lecturas arrinconadas, comencé a leer L´exili de les libèl·lules, que tal es el título del poemario de Nel·lo. Los primeros poemas y la prosa poética de la primera parte, “Promptuari de naufragis”, captaron mi atención y su cadencia memorialística y marina me atrayeron.
Mi sorpresa fue cuando llegué a la página 27 y me topé con el fragmento de un poema mío con el que Nel·lo nos conducía hacia su texto «Del silenci i la solitud». Ahora comprendía la razón secreta del porqué me habían pasado aquel poemario. Fue una sorpresa y agradezco que me lo hayan hecho llegar, sin darme pistas previas.
¿Por qué corona o inicia, sencillamente, un poeta sus poemas con una cita? Hay múltiples razones, desde luego. Es un semillero del que surgen múltiples ramas y uno no sabe a cuál de ellas asirse. Me sorprendió encontrarme allí y me sorprendió el texto poético de Nel·lo que he querido traducir y traerlo a esta bitácora para el placer de su lectura.


Fuiste mar y malecón, paseo líquido,
río de húmedo silencio y atardecer sonoro.
                                     Juan Antonio Millón

A mis hermanas Mara y Cristi,
a mi hermano Joan Josep y a los primos
Navarro del Alar que nos acompañaban
en aquellos años de verano y playa en Moncofa.


                                 
                                                  DEL SILENCIO Y LA SOLEDAD

A veces desovillo los silencios del tímido cañamazo de mi infancia y dejo ir de entre los dedos el cordel de antiguas soledades (rememoro lentamente calles diáfanas, con fachadas pintadas de blanco y azul, redes extendidas al sol, palmeras con racimos de dátiles del color del aceite, las barcas que salían con sus luminarias, la mirada humedecida del padre y la madre, ranas verdes, caballitos del diablo, mis pies descalzos y sucios, toros embolados, misas de doce, sudadas sesiones de cine de verano, turistas alemanes y franceses que nos miraban de reojo cuando pasaban en coche por el Camí Reial, alzando una polvareda de tierra roja que ensuciaba toda la casa, perros meando en las esquinas, maestros que nos atizaban con varas de mimbre, guardias civiles con mirada hosca, chicas con largas trenzas azabaches, entierros con coche de caballos, bicicletas negras como la noche, olores de pescado…)

Y al acabar de desgarrarme el alma me miro las uñas y las yemas y ávidamente me pongo las gafas y busco las migajas, el serrín, la herrumbre y las virutas, la arena y las piedras que la memoria de quien fui sedimenta en la palma de mis manos y, ¡ay!, no os podéis imaginar cómo me pesa este recio poso que, en definitiva, me hace ver sin ninguna compasión el hombre que ahora soy.


sábado, 28 de marzo de 2015

HERBERTO HELDER, IN MEMORIAM




Después de un largo tiempo sin aparecer por este espacio virtual, vuelvo de nuevo sobre las sendas holladas de este divagar sin rumbo sobre cuestiones literarias, es decir, humanas. Y lo vuelvo a hacer de la mano de un poeta que nos ha dejado recientemente y al que quisiera rendir homenaje llevando sus versos hasta nuestro idioma. 
Sit tibi terra levis.


ACERCA DE UN POEMA

Un poema crece vacilante
en la confusión de la carne,
aún sin palabras sube, solo ferocidad y gozo,
tal vez como sangre
o sombra de la sangre por los cauces del ser.

Fuera existe el mundo. Fuera, la radiante violencia
o los granos de uva de donde nacen
las raíces minúsculas del sol.
Fuera, los cuerpos genuinos e inalterables
de nuestro amor,
los ríos, la inmensa paz exterior de las cosas,
las hojas durmiendo el silencio,
las simientes a la vera del viento.
Y el poema crece recogiendo todo en su regazo.

Y ya ningún poder destruye el poema.
Insustituible, único,
Invade las órbitas, la cara amorfa de las paredes,
la miseria de los minutos,
la segura fortaleza de las cosas,
la redonda y libre armonía del mundo.

‒ Por debajo, el instrumento perplejo ignora
el espinazo del misterio.
‒ Y el poema se hace contra el tiempo y la carne.

martes, 12 de marzo de 2013

UN POEMA DE ISIDORUS HISPALENSIS


El obispo de la sede hispanogoda hispalense, Isidoro, que vivió a caballo de los siglos VI y VII, conocido más adelante como San Isidoro de Sevilla, fue autor de una ingente obra de la que, sin duda, sobresale su enciclopédica Etymologiarum sive Originum, o, sencillamente, Etimologías, pero también de otras muchas en las que recoge gran parte del saber de su época y de épocas pretéritas: Chronicon, Historia de regibus Gothorum, Wandalorum y Suevorum, De viris illustribus, y otras muchas de carácter dogmático y teológico.
De esta obra suya que hoy se conserva y de la que tenemos una moderna y cuidadísima edición en el Corpus Christianorum Serie Latina de la editorial  Brepols, de la ciudad flamenca de Turnhout, vamos a parar en el volumen 113 A, que con el título de Isidori Hispalensis versus -publicado en el año 2000 a cargo de José María Sánchez Martín- recoge 27 títuli, epigramas, del propio Isidoro. Se trata de un conjunto de poemas, en dísticos elegíacos, conocido con el nombre de Versus in bibliotheca (Vetustissimi versus, qui olim in Bibliotheca Sancti Isidori Hispalensis Episcopi legebantur) y traeremos aquí el segundo que recoge la edición mencionada. Que disfruten:

     
      Hay cosas sagradas aquí, hay otras muchas mundanas;
      Si la poesía te deleita, ven a leerla.
      Ves prados de espinas plagados, y copiosos en flores;
      Si espinas no quieres coger, coge las rosas.

domingo, 10 de marzo de 2013

A UN OLMO, de Miguel Torga.

 

 
A UN OLMO

 
En la tierra donde nací hay un único poeta.
Mis versos son solo hojas de sus ramas.

Cuando llego de lejos y conversamos,

él es quien me revela el mundo visitado.

Desde la noche del cielo, se alza la madrugada,

Y la luz de sol alumbrado o apagado

Está en sus ojos que son posada.



Ese poeta eres tú, ¡maestro de la inquietud 

Serena!

Tú, inmortal flauta

Que armonizas el viento y adormeces el inmenso

Redil de estrellas en la yerma luz de luna.

Tú, gigante que sueña, ¡perplejo bosque

Donde anidan los pájaros y el tiempo!

Dos poemas, de José Mário Silva.

 

hipermetropía


 

En las fotografías más antiguas
sigo usando gafas: memoria
de las lentes rayadas y los paños
de franela. Un día las dioptrías
desaparecerán (“perfecto”, dice
el oftalmólogo) y veré
mejor lo que está lejos –pero no tan
lejos que consiga alcanzar, hoy,
lo que veía cuando las patillas
me lastimaban detrás de las orejas.

rescate

La memoria,
indecisa luz,
aún ignora,
lo que debe
iluminar.

sábado, 9 de marzo de 2013

las fotografías de otro lugar, de Manoel Ricardo de Lima




las fotografías de otro lugar
 
                                         para júlia studart
 
 
en la pared, entre dos ventanas de cristal
y una cortina azul. allí, quietas, casi
muertas, sin propósito, tres fotografías. sin
ver, ninguna imagen del presente,
siempre de paso, detenidas, en
blanco y negro el menor fragmento de
un lugar: los de ella.
 
desvía el gesto de saludo, voy: sin
retorno, remordimiento. pero aquello que
somete entero al abandono. de blanco
y rojo. y blanca, sin voz: yo aún
siempre vivo aquí, oímos alto. exentas
suave-suaves, las fotos (y la isla[i]):
recuerdo una vieja ciudad, roja
de murallas y torres, calcinada sobre la llanura
infinita en el agosto tórrido, con el lejano
refrigerio de las colinas verdes y suaves
al fondo[ii].
 
 
un hilo rojo de acallar en los
pechos, el anillo en el pulgar de la mano
derecha, la sandalia nueva: y ella no dice
lo mismo del rojo. ni diría el dolor en el pie, en
el pie izquierdo, hacia el lado hacia el bosque sin
frontera y sin mundo, mi amor.
 
 
MANOEL RICARDO DE LIMA
 

 



[i] En castellano en el original.
[ii] Estos cinco versos están en italiano, en el original. Pertenecen a “La notte” de los Canti orfici de Dino Campana.

jueves, 21 de febrero de 2013

EL DEVOTO DE PEDRET, de Raül Garrigasait.


Yo soy el espejo de todo retorno

y el vacío de toda vida.

Siempre alejado atiendo el contorno

donde se funde el tiempo y Dios me olvida.

Yo soy el espejo de todo retorno.

 

Yo soy de cada instante el confín,

el primer légamo de cada día,

y crezco para deshacerme al fin

en lo Eterno donde dormimos sin acedía.

Yo soy de cada instante el confín.

 

Yo soy el espejo de todo retorno

y el fulgor de las horas derrotadas,

y sé del pavo que huye del entorno

hacia Sus palabras siempre calladas.
Yo soy el espejo de todo retorno.


Del libro, La tendra mà de cada arrel,  (Viena, 2005).

 

miércoles, 22 de agosto de 2012

EL PODER DE LA ALGARABÍA, de Jorge Lucio de Campos




EL PODER DE LA ALGARABÍA



Las palabras se avienen

a múltiples fines



Las claveteo con fuerza

en la mudez del tiempo



Unas, en ruinas

murmuran inaudibles



Otras van más allá y

junto a la lluvia—



por blancura—

mueren conmigo



Conmigo muere

lo bullicioso.

(De El dolor del lenguaje, 1996.)

martes, 21 de agosto de 2012

ERMITA, de Vincenzo Ananìa.

                             

                                ERMITA


¿Una ermita abandonada? puertas desgarradas
trofeos deshechos del pez espada en las paredes
un jarro de vino que sabe a vinagre
y el manuscrito con los versos corregidos
la Biblia abierta por el Génesis.

Desde la ventana picada de guano y arena
veo el mar a través de los muros
y rígido en una barca inmóvil
con el surco de la soga en el cuello
el retrato del hombre sobre la chimenea.

(de Las alas de Darwin, 1999)

martes, 17 de enero de 2012

PASOLINI, EL DÍA DE MI MUERTE




El poeta asturiano Xuan Bello ha publicado en su blog, http://www.xuanbello.com/, Les isles interiores,  una interesante entrada en la que recoge un artículo publicado por él en El Comercio: "Un poema de Pier Polo Pasolini"; en él nos habla de un temprano poema escrito por el poeta y cineasta italiano,  en su querido friulano, "“Il dí da la me muàrt”. Helo aquí, traducido:






    En una ciudad, Trieste o Udine,
    por una avenida de tilos,
    cuando en primavera
    cambian de color las hojas,
    caeré muerto
    bajo el sol ardiente,
    alto y rubio,
    y cerraré mis párpados
    dejando en su esplendor el cielo.
    Bajo un tilo cálido de verde,
    caeré en el negro
    de mi muerte que dispersará
    los tilos y el sol.
    Los buenos jóvenes
    correrán a aquella luz
    que acabo de perder,
    escapando de sus escuelas,
    con los rizos sobre la frente.
    Yo seré aún joven,
    con la camisa clara,
    y los dulces cabellos lloviendo
    sobre el amargo polvo.
    Estaré aún caliente
    y un joven, corriendo por el asfalto
    cálido de la avenida,
    me pondrá su mano
    sobre mi regazo de cristal.

MAMPARA DE LUZ, de FERNANDO PESSOA

  La lámpara encendida (Otro la encendió) Proyecta una belleza Sobre el suelo que tengo En mi cuarto desierto Salvo mi soñar, Ha...